El vigente campeón de América dejó en estado catatónico al
combinado mexicano, el pasado sábado en el Levi’s Stadium, con notable
actuación del ‘Turboman’ Eduardo Vargas, quien apuñaló en 4 ocasiones a los
dirigidos por Juan Carlos Osorio, quien terminó mutilado tras la exhibición sinfónica
de los muchachos de Juan Antonio Pizzi.
Lo que se vio en Santa Clara fue una masacre que pocas veces
se repetirá en un torneo del prestigio de la Copa América. Es cierto que no es
la primera vez que ocurre, para ser más precisos, el resultado de 7-0 se ha
dado en 10 oportunidades en el campeonato más arcaico a nivel de selecciones, incluido
la humillación del último sábado. Chile ya conoce el placer de marcar 7 goles
en este torneo, ocurrió hace 37 años, cuando los ‘mapochos’ profanaron a la
endeble y amateur Venezuela por el mismo score que destrozaron a México, que
pareció un cuadro amateur, igual que los ‘llaneros’, allá por 1979.
Precisión, movilidad, amplitud y profundidad, fueron las
principales virtudes del ballet chileno, ante un seleccionado azteca que
llegaba a este duelo jactándose de tener 22 partidos invictos al mando del
colombiano Osorio, y con el incentivo de haber derrotado al equipo sureño 10
días antes en un amistoso, con una diana de su emblema y goleador ‘Chicharito’
Javier Hernández. Ni en sus peores pesadillas presagiaban una tortura del
calibre que recibirían en el Levi’s Stadium.
Si les aplicáramos una anamnesis psicológica a los jugadores
de México post masacre sufrida, encontraríamos seguramente un cuadro de estrés
post traumático agudo, con secuelas que difícilmente se curen sin llevar a cabo
una terapia con un especialista en la materia. Los rostros de Alexis Sánchez,
Eduardo Vargas, Arturo Vidal y Edson Puch serían los más recordados y
repudiados por los alevines mexicanos.
Si en las tribunas los mexicanos ganaron por goleada, en el
gramado de juego sucedió lo mismo, pero al revés. Primaria contra secundaria,
primer grado de primaria contra quinto grado de secundaria, para ser más
exactos, fue lo que se apreció en el coloso de California. Si hubiese sido un
partido de videojuego, daba la impresión que un novato estaba enfrentando a un
veterano jugador, al borde de la ludopatía. El resultado se quedó corto, ya que
pudo ser mucho más escandaloso, créanlo.
El recinto de Santa Clara se convirtió en un teatro, donde
Chile nos regaló uno de sus mejores papeles protagónicos de los últimos años,
con un reparto de lujo comandados por el rey Vidal, todo un tiempista para
mover los hilos de la sinfonía a su ritmo y antojo. Arriba, dos alfiles como
Sánchez y Puch, la gran apuesta del cuestionado Pizzi, hasta antes del partido,
ahora ya debe de estar a la altura de Bielsa y Sampaoli. La torre Vargas
completa esa orquesta ofensiva llamada Chile. Una mención bien merecida para
los infaltables e incansables peones, que todo equipo, grupo, debe tener,
encabezados por Gary Medel, Gonzalo Jara y compañía, que hicieron desaparecer
al ‘Chicharito’, ‘Tecatito’ y todos los ‘ito’ que estuvieron presentes en el
partido.
Si Chile tuvo todos sus guerreros en el verde, México extrañó
a su caudillo, su líder, ese hombre de mil batallas llamado Rafael Márquez, que
estuvo increíblemente en el banco de los suplentes, y que presenció cómo
llegaba el primero de los sureños a través de Puch en el primer cuarto de hora
del partido, un conocido de la casa, ya que juega en el Necaxa. De ahí empezó
el show de Eduardo Vargas, que estaba en duda su participación en el decisivo
duelo, ya que su señora madre había sufrido un problema de salud, y el
delantero del Hoffenheim de Alemania, estuvo a punto de viajar a su país para
ver a su progenitora. Ella le pidió que se quedara a jugar y Eduardo le
prometió dedicarle un gol si lo conseguía. Hizo 4 y su madre quedó más que satisfecha.
Las rechiflas, críticas y uno que otro insulto empezaron a
sentirse y percibirse en el estadio. México estaba recibiendo una cátedra de
fútbol, más allá que aún se mostraban rebeldes y herméticos a aceptar dicha
enseñanza. Mientras que en el banco de suplentes Rafa Márquez le estaba dando
indicaciones al entrenador Osorio de cómo debía pararse el equipo en el ring del
césped.
Parecía que México empezaba a retomar el control del partido,
ya que tenía más tiempo la posesión del
balón y ya podía jugar en campo chileno. Visto esto, Jorge Campos, aquel
portero de selecciones mexicanas de indumentaria excéntrica de la década de los
noventas, tuvo la osadía de afirmar que su selección le iba a voltear el
partido a Chile y se iba a quedar con la victoria, en una transmisión en vivo
del partido, para un canal de televisión de su país. Cuando llegó el segundo de
Vargas, se mantuvo firme en su pensamiento, alegando que México iba a anotar 3
goles en el complemento.
Llegaron 3 goles rápidos en los segundos 45 minutos, pero no
fue de los aztecas, sino de los chilenos. Alexis (49’) y nuevamente Eduardo
Vargas (52’ y 57’) se encargaron de aniquilar cualquier esperanza mexicana de
alcanzar el empate y la remontada épica.
Por fin los 11 mexicanos dentro del campo de juego, más los hinchas en las
gradas, asimilaron la cátedra que estaban recibiendo y comenzaron a
experimentar la ansiedad, el miedo, la fobia y el temor al ridículo.
Todo eso y
más fue capaz Chile de transmitirle con su juego casi perfecto y metódico, a
falta de 30 minutos eternos para los mexicanos y sobrantes para los de la estrella
solitaria. La tarea estaba cumplida, México había quedado en estado vegetal,
donde el único órgano que le quedaba intacto era la vista, para observar como
Chile se hacía cada vez más dueño del partido, sin que ellos pudieran hacer
nada al respecto, la abulia había invadido al conjunto mexicano, donde habían
perdido la voluntad y la iniciativa para seguir compitiendo.
Pero si se pensaba que esta paliza iba a terminar de esta
manera, se equivocaron. Chile quería seguir divirtiéndose en el carrusel de
niños que se había convertido el bloque defensivo de México, donde Alexis
Sánchez, apodado el ‘Demonio’ por un periodista azteca, recordaba su etapa de
infancia cuando jugaba con sus muñecos y soldados, donde podía hacer lo que le
daba la gana con ellos. Lo mismo hizo con Layún, Aguilar, Moreno y Araújo. Jugó
con ellos a su antojo maniatándolos como títeres, convirtiéndose en un estímulo
aversivo para los pobres y frágiles defensores del ‘tricolor’, que tendrán las
más aterradoras y escalofriantes pesadillas con el delantero del Arsenal de
Inglaterra.
El Ferrari rojo siguió corriendo al mismo ritmo que al inicio
de la carrera, mientras que el Volkswagen del año 68 se quedaba sin gasolina y
a punto de la parálisis total. Los rostros de los mexicanos en el banco lo
decían todo, no podían creer lo que estaban viendo en el campo, y menos lo
pudieron creer cuando llegó el sexto tanto del partido a falta de 15 minutos,
por medio de Vargas, que anotaba su ‘póker’ del encuentro y se convertía en el
segundo goleador de la ‘Roja’ de toda la historia. Del lado de enfrente,
‘Chicharito’ le rogaba al chileno que le prestara un gol para igualar a Jared
Borgetti en el historial de goleadores de su selección.
México no perdía un partido por 6 goles desde el mundial de
Argentina 1978, cuando la RD Alemania lo vapuleó por ese marcador. Pero el
festín iba a continuar y faltaba el último mazazo, el de la goleada histórica,
ya que con el sétimo gol anotado nuevamente por Edson Puch, a falta de 1 minuto
para que se cumplan los 90 oficiales, los 11 jugadores mexicanos en el terreno
de juego en Santa Clara, iban a pasar a la página negra de la historia del
fútbol azteca.
Con las 7 puñaladas consumadas, se rompieron algunas
estadísticas del seleccionado mexicano. La primera, que es la peor goleada y
humillación que recibe el ‘Tricolor’ de manera oficial y la segunda en su
historial, ya que en un amistoso en el año 1961, había perdido 8-0 ante
Inglaterra. La segunda, que el cuadro dirigido por Juan Carlos Osorio nunca
había recibido 6 o más goles de ninguna selección en territorio mexicano o
estadounidense. La tercera es que ningún jugador le había anotado 4 goles en un
mismo partido en un torneo oficial (Vargas se burló de esa estadística). Y por
último, lo mencionado anteriormente en el mundial de 1978.
No es un hecho menor lo que aconteció el día sábado en
California. Tuvieron que pasar 17 años para que se de otro 7-0 en una Copa
América. Brasil había sido el último en conseguirlo antes que Chile, fue ante
Venezuela en 1999. Dos años antes, Perú también se había comido 7 de Brasil, en
semifinales. Matanza en California y de ahora en adelante los mexicanos tendrán
mucho cuidado en no confundir sus adorados chiles picantes, con el nombre del
país que los humilló y denigró como mejor lo planeó.